(Redacción, 1-1-2008)
Los monjes pertenecían al Monasterio Sakya-Tralarí-Ling de Sollana, en Valencia, y al parecer tenían un pacto secreto entre ellos, datado en 1897, fecha de la fundación del Monasterio, por el cual al morir el último monje de los 150 firmantes, todos se reencarnarían al unísono en una figura etérea, natural y trascendente con forma de animal salvaje, para unirse a la Naturaleza en su proceloso devenir.
La mala suerte es que el Lama Ding-Dong eligió que se reencarnaran en Porrón Moñudo (Aythya fuligula), una especie de pato muy abundante en la Albufera de Valencia, dándose la circunstancia de que encontrándose en vuelo en bandada sobre la misma Albufera una partida de cazadores del pueblo la emprendió con ellos no dejando con vida ni a uno sólo.
Sin embargo, parece ser que, mediante otro pacto también recientemente descubierto, se preveía que si los porrones moñudos no morían de muerte natural se reencarnarían al unísono en monjes tibetanos y que dedicarían su vida a fundar y mantener un Monasterio en Sollana, provincia de Valencia, muy cerquita de la Albufera.
martes 16 de septiembre de 2008
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