por Luis Carreño
Asturias, 1944
Protésico Dental, miembro del Colegio Profesional de Odontólogos de España, especialista forense en análisis de estructuras dentales para la identificación de cadáveres, miembro de la Policía Judicial.
En un momento en que la opinión pública recela cada vez más de la Ciencia y que diversos sectores de ciudadanos reclaman a gritos una vuelta a lo natural frente a lo artificial, el postulado “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias” cobra una total actualidad.
En un estudio anterior (ver Anales de Odontología Forense, Tomo II, cap.7 y ss.) ya anunciamos que la dentadura del faraón Ramsés II había sufrido en vida diversas operaciones que sólo hoy nos es posible realizar gracias a nuesto instrumental avanzado y al descubrimiento de nuevos materiales. Referenciamos cómo la implantación de un sistema Hawley completo (op.cit. pág.540), la utilización de coronas tipo Richmond en un puente de tres piezas (op.cit.pág.546) y el uso de férulas quirúrgicas muy similares a las Vacu-Press actuales no podían haber sido obra de los estomatólogos o especialistas de aquella época, secillamente porque entonces todavía no existían las técnicas ni los compuestos precisos para realizarlas.
Sin embargo, tras un concienzudo análisis por Rayos X y pasado el modelo por el espectrógrafo electrónico de Hubbard, la conclusión de que esas operaciones fueron contemporáneas del faraón no deja lugar a dudas. La reconstrucción en vaselina sólida que obtuvimos (ver fotografía inferior) nos da muestra del deterioro imparable de la dentadura del faraón en sus postreros años de vida, debido sin duda a una alimentación basada principalmente en cereales crudos (tipo
avena y centeno), algunos frutos secos, como algarrobas, y la ingesta de carnes con un porcentaje elevado de ternillas y hueso (churrasco o costilla de cerdo, por ejemplo). La ausencia en la dieta de frutas frescas se adivina por la piorrea galopante que sufrió, así como por una clara avitaminosis indicada por la palidez de las encías y la fragilidad de la zona córnea del maxilar superior.
Todas las operaciones referenciadas más arriba fueron realizadas usando instrumentos que nos son por ahora desconocidos, pero que obtuvieron una precisión tal que permitieron que las funciones fisiológicas del comer de Ramsés II funcionaran perfectamente y le permitieran llevar una vida fructífera.
Redacción
A esta asombrosa conclusión han llegado los investigadores franco-suizos Jean Michoud y William Debonnier después de varios años de estudios y análisis de las edificaciones del Valle del Río Negro, en plena altiplanicie iraquí. En un dossier que han elaborado especialmente para National Geographic dan cuenta de las particulares características arquitectónicas de las pirámides, de las que destacan por su majestuosidad la del rey Hannuir, de la XVI Dinastía Shreb. Esta pirámide está formada por 304.000 bloques de basalto del Tigris, unidas entre sí por pez y argamasa natural al más puro estilo egipcio. La orientación de sus ejes coincide grado a grado con la constelación de Virgo, sólo visible en Irak durante el otoño, por lo que se especula que fué construída a lo largo de varias décadas tan sólo durante los tres meses otoñales.El interior de la pirámide cuenta con varios supuestos canales de ventilación, varias cámaras funerarias aún sin explorar y se descubrieron al menos seis féretros de piedra porosa, con los típicos agujeros circulares de contrapeso, hechos con alguna herramienta desconocida para la Ciencia actual.
Los investigadores han afirmado que “la mayoría de secretos del Valle del Río Negro están aún por descubrir, y nadie sabe con seguridad qué nos depararán próximas excavaciones. Lo que está claro es que la relación entre ambos tipos de pirámide, sus autores y las herramientas utilizadas en su construcción está plenamente demostrada y aceptada ”. Por de pronto, y para confirmar aún más sus teorías, el año próximo viajarán a Egipto para estudiar más a fondo la pirámide de Keops, que consideran modelo exacto para la construcción de las pirámides iraquíes.
El polímero del agua forma una pirámide perfecta
Redacción
Así lo demuestran trabajos recientes de la NASA, para los que se usaron los microscopios electrónicos del Laboratorio de Biología Espacial de Hanneston, Nevada. Los científicos han descubierto que la forma piramidal es la que adoptan los líquidos en su forma primigenia, antes de aglutinarse en las moléculas que los integran. “Así como en arquitectura una estructura en forma de pirámide cuenta con la mayor superficie de estabilidad y apoyo, y por tanto es la más compacta, la Naturaleza también se comporta de esta manera, adoptando ésta forma piramidal las estructuras moleculares más fuertes y difíciles de romper en su estado natural”, ha señalado Lionel Gauphut, del NASA Lab.
Los estudios se están decantando actualmente por la configuración espacial de los iones de ferro-sodio y por la estructura molecular del titanio, empleado en muchos materiales utilizados en la construcción de las naves Challenger. Se está incluso especulando con la posibilidad de que el último accidente sufrido por la Challenger, que costó la vida a sus ocho tripulantes, fuese debido a una extraña configuración molecular del agua destilada que refrigera los motores auxiliares de propulsión de la nave, aunque este extremo está sin confirmar.
El investigador español Matías Cornejo premiado en Londres por su descubrimiento del Unionforce, el empaste con que están unidas las piedras de la pirámide de Gizeh
Fuente bibliográfica del London Inquirer
El Dr. Matías Cornejo pertenece actualmente a la plantilla del Instituto de Arquitectura Nubia de Glasgow, donde realiza sus trabajos e investigaciones financiado con subvenciones del Gobierno británico. Lleva más de veinte años dedicado al estudio de la civilización egipcia, y ha sido reconocido internacionalmente por sus trabajos sobre la arquitectura popular del Valle del Nilo y por una recopilación de recetas caseras a base de garbanzos llamadas "asher", que son típicas del país.
El descubrimiento del Unionforce, ocurrido durante una de las últimas expediciones del científico español al Valle de los Muertos, fué más producto de la casualidad que de otra cosa, como el mismo Cornejo reconoce. Parece ser que, durante una de sus excavaciones, una herramienta de taladrar se quebró y un arriero nativo del lugar le ofreció una pasta hecha con alguna especie de barro húmedo, indicándole que la aplicara a la rotura, con lo que el problema quedó solventado. Una vez comprobada la dureza y resistencia del preparado, el científico preguntó al nativo de dónde había obtenido dicho material, a lo que este le respondió que se trataba de "ahnhary", un remedio casero para las grietas en las edificaciones que ya se usaba "desde tiempos milenarios". Más tarde pudo comprobar como ése mismo material era el empleado para unir los enorme bloques pétreos de las pirámides, por lo que se decidió a llevar una muestra a su laboratorio de Glasgow, donde lo sometió a análisis y pruebas de todo tipo hasta dar con su estructura y componentes, que resultaron ser mierda de camello mezclada a partes iguales con gravilla del Nilo y esmegma de beduino.
El premio recibido en Londres ha sido para el doctor Cornejo la “culminación de toda una vida dedicada al estudio y al trabajo de campo", aspecto éste en el que creó escuela, siendo el primero en utilizar piolets para cavar y tupperwares de vacío perfecto para la recogida de muestras.
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