Diecinueve sacerdotes, tras los pasos de Cristo

Diecinueve sacerdotes de la diócesis de Lima han decidido experimentar el sentimiento cristiano y la iluminación mística en primera persona, imitando la vida de Jesucristo en todos sus extremos.
Así, compartirán con los pobres días de asueto y ayuno, vestirán humildemente, asistirán a los enfermos, orarán con fervor e intentarán realizar algún milagro que otro.
Los sacerdotes han obtenido gran apoyo popular para su empresa, salvo -como es lógico- por parte de algunos estamentos laicos del Perú. Así, el Diario "El Ateo Frugal" les dedicó la editorial del pasado Martes, en la cual se les reta también a efectuar el ayuno de 40 días con sus noches en el desierto y, si tienen huevos, a morir crucificados cuando termine. Los sacerdotes declinaron la propuesta con auténtica contricción y traspasaron la oferta a la puta madre del editorialista del diario.

La Grafología reivindicada por experimentos

Tras un laborioso y ajetreado trabajo de campo en la librería "Le Grand Cochón" de Ginebra, los grafólogos suizos Jean Dupré y Dupr Jeané llegaron a la asombrosa conclusión de que la gran mayoría de los libros del establecimiento habían sido escritos por la misma persona.
"Los trazos de las letras, su impecable justificación y la ausencia de tachaduras y enmiendas nos lleva a inevitable conclusión de que un sólo autor, a lo sumo dos, son los responsables de todas estas magníficas obras", declaró Jean Dupré a los peridistas que cubrían la información.
"Una vez más la Grafología se muestra como una de las ciencias más fiables en el reconocimiento de la personalidad a través de atributos personales, en este caso por la escritura", nos dijo Dupr Jeané.

Sustituyen el polígrafo por la madre del imputado

Por primera vez en la historia judicial de los USA un juez de Memphis ha permitido que la madre de un imputado, Julian Doporros, acusado de asesinato en primer grado en la persona de su casero, sustituya a la prueba del polígrafo-detector de mentiras.
Los psiquiatras que examinaron a Doporros llegaron a la conclusión de que su carácter dócil y sumiso impediría que mintiera a su propia madre, así que hicieron un careo entre ambos en el que Doporros confesó su crimen y todos los detalles del mismo, bajo la constante amenaza de su madre de propinarle sendas bofetadas cada vez que mintiera, y además dejándole sin postre. Cuando, casi al final del careo, la madre de Julien aseguró a su hijo que si mentía le crecería horriblemente la nariz, éste se derrumbó entre sollozos y confesó su fechoría.